El CBAM, los aranceles y la sobrecapacidad global están redefiniendo las condiciones para reducir las emisiones en la industria siderúrgica. Expertos del Grupo Techint -Carolina Bengochea, Pablo Strada y José Fonrouge- analizan cómo el sector sostiene sus objetivos climáticos en un contexto en el que la competitividad y la geopolítica vuelven a marcar el ritmo de las inversiones.
Carolina Bengochea, Environment Senior Director de Tenaris; Pablo G. Strada, Legal Sr Director – International Trade del Grupo Techint; y José Fonrouge, Sustainability Senior Director de Ternium, presidente del Environment Committee (ECO) de worldsteel y del Comité de Política Ambiental (COPAM) de Alacero, analizan cómo avanza la descarbonización industrial en un escenario en el que la regulación climática, la política comercial y la competitividad reordenan las decisiones de inversión.
La discusión ya no pasa solamente por cuánto descarbonizar, sino por bajo qué reglas, a qué ritmo y con qué ecuación de competitividad. En el acero, esas tres preguntas se cruzan: Strada mira el frente comercial y regulatorio; Bengochea, cómo esas señales se traducen en decisiones operativas de Tenaris; y Fonrouge, desde Ternium y los foros sectoriales globales y latinoamericanos, agrega la dimensión tecnológica y de competitividad de la transición.
"Creo que el EU-CBAM (mecanismo de ajuste —económico— en frontera) sigue siendo, en materia de transición energética, la medida que más se acerca al núcleo de la cuestión. Después, tenés otras medidas comerciales que responden a otros objetivos", sintetiza Pablo Strada.
Bengochea completa el mapa desde el lado industrial: existen esquemas regulatorios propios de cada región que influyen en dónde conviene invertir y cómo operar, "pero, considerando su influencia en el trade, el CBAM en Europa es obviamente el más desafiante que enfrentamos".
El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono de la Unión Europea entró en su régimen definitivo el 1 de enero de 2026, con la responsabilidad financiera ya vigente para los importadores y los certificados atados al mercado europeo, en torno a los 75 euros por tonelada de CO₂. La Unión Europea también evalúa extender el mecanismo a los productos terminados de acero y aluminio hacia 2028, mediante una propuesta que se encuentra en una etapa avanzada del proceso legislativo y cuyo texto definitivo se espera para fines de 2026. El 25 de septiembre, además, la Organización Mundial del Comercio aceptó el pedido de conformación de un panel solicitado por Rusia para cuestionar la legalidad del CBAM.
Esa discusión llega a una compañía que tiene su propio recorrido en marcha. Tenaris fijó en 2021 la meta de reducir en un 30% la intensidad de emisiones de CO₂ eq, incluyendo los Scopes 1, 2 y 3 (considerando las materias primas y el transporte de productos entre las plantas de Tenaris), hacia 2030, respecto de la línea de base de 2018. En 2025, el avance en la reducción de la intensidad llegó al 19%, con un 25% de electricidad proveniente de fuentes renovables respecto del total consumido, un 81% de contenido reciclado en el acero producido y 197 millones de dólares invertidos en proyectos que contribuyen a la descarbonización.
Ternium transita un recorrido propio, con rutas tecnológicas mixtas BF-DRI-EAF. Su objetivo corporativo es reducir en un 15% la intensidad de emisiones por tonelada de acero laminado en caliente hacia 2030, frente a la línea de base de 2024, incluyendo los alcances 1 y 2 y las categorías 1 y 10 del alcance 3. La estrategia combina principalmente la nueva capacidad de producción de acero basada en la ruta DRI-EAF de Pesquería, de 2,6 MTon/año y un Capex de 2,2 Bu$s, que iniciará su operación en el primer trimestre de 2027 y será la acería más moderna y sustentable de la región, con capacidad de captura y venta de CO₂; el uso de energías renovables, como el Parque Eólico en Olavarría (capacidad: 99 MW; Capex: 225 Mu$s), en Argentina; y el incremento de chatarra en la mezcla metálica en Brasil.
Fonrouge aporta aquí un criterio que ayuda a ordenar la discusión: descarbonizar exige sostener al mismo tiempo la viabilidad industrial. Desde su rol al frente del Environment Committee de worldsteel y del COPAM de Alacero, esa tensión entre ambición climática, tecnología disponible y competitividad aparece como una agenda común del sector.
El mecanismo CBAM europeo, sin embargo, no opera de manera aislada. Strada describe un encadenamiento que rara vez aparece en la discusión: "Tenés mecanismos internos para ir llevando adelante la transición que, como es muy costosa, terminan dando subsidios o free allowances, combinados con una barrera en la frontera. Ahora, cuando esos países ya no miran su propia producción, sino que exportan, ese free allowance o ese subsidio que recibieron para invertir se está analizando en el marco de los casos de subsidios. El que logró sobrevivir porque le dieron subsidios e invirtió, si eso lo usa para exportar, en otro país ya le están haciendo casos de subsidio. Termina hiperregulado o afectado por este tipo de cuestiones".
Bengochea agrega la contracara: el productor europeo paga el costo del CO₂ que emite, pero pierde esa protección apenas sale a competir fuera del bloque. "El europeo y el indio llegan en las mismas condiciones a la exportación, y el europeo dice: yo ya pagué todo el costo del CO₂ que emito. El CBAM no le aplica a la exportación. Por ahora, al menos".
¿Modifica todo esto las prioridades del plan de descarbonización de Tenaris? Lo que Bengochea observa por ahora es una demanda desde las áreas comerciales: cuánto va a costar el CBAM de determinado producto en 2028 o 2029, o incluso más allá; cuánto hay que incorporar al cotizar; la afectación a los competidores, etc.
"No diría que hoy estamos viendo cambios en las prioridades de inversión como resultado del CBAM. El sistema aún está poco estable; hay aspectos que continúan cambiando y carecen de precisión. Creo que aún hay que esperar y ver cómo evoluciona el sistema y cuáles son los impactos económicos, ya que aún hay modificaciones en evaluación que deben definirse. Hoy el CBAM es un factor más que se considera en el precio y en la asignación de la orden", explica Bengochea.
Strada aporta la lectura del contexto internacional: no hubo un freno ni un cambio de tendencia, sino una desaceleración. La expectativa de que el modelo europeo se replicara globalmente se detuvo: México, Canadá y Brasil frenaron sus análisis, y la propuesta de acuerdo entre Estados Unidos y Europa, que combinaba comercio con estándares ambientales, quedó fuera de la mesa. "No digo que no vaya a suceder, pero va a suceder más despacio, y eso, eventualmente, va a dar tiempo para adaptarse. En renovables, la tendencia sigue estando: si lo podés hacer a un costo que no te desbarate el proyecto, quizás vas a hacer algo, pero no estás corrido. Antes venías apresurado porque, si no lo hacías, te ibas a quedar fuera de varios mercados".
Bengochea coincide en el diagnóstico y lo nombra con precisión: hoy hay "mucho más pragmatismo en las decisiones sobre qué inversiones vas a hacer".
El cambio de escala es, para Strada, el dato que reordena todo el tablero. Frente a un CBAM que se sitúa en torno a decenas de dólares por tonelada, la Sección 232 impone un arancel del 50% sobre el valor del producto.
"Estás hablando de 700 u 800 dólares de tarifa. Te cambió la dimensión del impacto de una medida frente a otra. Cuando hace cuatro años hablábamos de esto, el CBAM parecía una locura: imponer una tarifa de 100 o 150 dólares. Y hoy todo el mundo en Estados Unidos está pagando el 50%".
A la magnitud se suma la extensión geográfica: Estados Unidos, Europa, Canadá, México, Brasil y Colombia aplican hoy barreras comerciales directas al acero, en un contexto en el que el quiebre del régimen multilateral empuja a todos los actores a preguntarse cómo regionalizar. La eficacia de esa estrategia, advierte, es otra cuestión. "No sé cuán efectivos están siendo, porque China sigue exportando a una escala que ningún arancel llega a compensar. Es muy difícil lograrlo solo con aranceles cuando la competencia se da de esa manera en los precios. Vas a tener que recurrir a estandarizaciones o regulaciones que casi te obliguen a comprar contenido doméstico para poder vender. Todavía no llegamos ahí, pero es hacia donde quiere ir el USMCA en la renegociación".
Hay, además, una discusión pendiente. La iniciativa entre Estados Unidos y Europa era la única que vinculaba la sobrecapacidad con la cuestión de la descarbonización, y después no hubo propuestas similares que conectaran ambos temas. Esa desconexión —debatir sobre la descarbonización sin considerar la competencia global— es, a su juicio, la falencia central del debate actual.
Fonrouge amplía esa lectura desde la experiencia sectorial: el desafío no es únicamente cuánto gas de efecto invernadero emite la producción de una tonelada de acero, sino bajo qué condiciones cada productor puede financiar y desplegar tecnologías de menor emisión. En América Latina, donde conviven matrices energéticas, rutas productivas y marcos regulatorios diferentes, la transición requiere instrumentos que reconozcan esas diferencias sin perder de vista la competitividad internacional.
Del lado industrial, la decisión de inversión es una ecuación de múltiples variables que la coyuntura regulatoria condiciona, pero no determina. En renovables se considera dónde se puede producir de manera eficiente, qué esquema local favorece o no el proyecto en cuanto a permisos e incentivos, etc. Desde el punto de vista del costo de la electricidad generada, uno busca proyectos behind the meter, pero esto no es factible en todos los sitios.
"Si generamos más energía renovable, apuntamos a buscar alternativas principalmente en aquellos sitios donde más se consume energía: las plantas donde producimos acero", explica Bengochea. "Para que un proyecto sea elegible, hay toda una serie de condiciones: un andamiaje que incluye la eficiencia en sí misma, la competitividad y el hecho de que el esquema regulatorio local lo permita. Y eso no se da en todos los lugares. Entonces vas buscando la oportunidad". El objetivo de incrementar la generación renovable sigue firme, con nuevos proyectos aprobados en Italia y alternativas en evaluación en Estados Unidos, más viables en el sur que en el norte.
En materia de eficiencia energética, la metodología de evaluación de proyectos no cambió. Las inversiones recientes en hornos responden a una combinación de oportunidad, búsqueda de mejora de la eficiencia, tecnología, marco regulatorio que las acompaña y beneficios adicionales en términos de seguridad o ambientales, además de la reducción de CO₂, como, por ejemplo, la reducción de las emisiones de NOx. "Tenemos, para la evaluación de nuestras inversiones, el precio interno del carbono. Si hay una reducción de las emisiones de CO₂, eso se traduce en una mejora del payback del proyecto. Se sigue evaluando de la misma manera: hay algunas en las que cuaja la situación y van adelante, y otras en las que no es la oportunidad y seguimos viendo".
Sobre el tramo que falta hasta la meta de 2030, pone el acento en el contexto. "Las condiciones externas influyen definitivamente. La empresa está dentro de un marco de negocio, mercado, situación mundial, permisos, requisitos y salvaguardas. Indefectiblemente, van a influir". El objetivo, subraya, se mantiene sin cambios.
Para Fonrouge, esa ecuación también explica por qué no hay una única hoja de ruta global para el acero. Las soluciones dependen del punto de partida tecnológico, del recurso energético y de las materias primas de cada región; por eso, la coordinación entre empresas, gobiernos y asociaciones sectoriales resulta decisiva para transformar objetivos climáticos en proyectos industrialmente ejecutables.
"Cambió el foco", resume Strada. "Los impactos que tenés por otras medidas hacen que les dediques más tiempo a otras cuestiones, y quizás esas otras cuestiones estén orientando más la inversión por el impacto que te generan a corto plazo. A pesar de que el problema sigue ahí y, eventualmente, te va a llegar el momento en que tenés que hacer algo".
Bengochea lo atribuye a un reordenamiento de prioridades en el que la geopolítica tiene un peso decisivo. "Los temas ambientales o de cambio climático son importantes, pero su efecto es de más largo plazo; no es urgente. Entonces, hoy el foco está en otro lado: tenés una Europa que tiene que asegurar su abastecimiento energético, y países que tienen energía y tienen que ver cómo la ponen en el mercado. Hay un cambio de prioridades debido a toda una serie de factores, entre ellos la geopolítica, claramente".
Fonrouge coincide en que el contexto modificó el ritmo, no la dirección. Desde su perspectiva, el acero tiene una doble condición: es una industria intensiva en emisiones y, al mismo tiempo, un insumo indispensable de las tecnologías de la transición. En una frase que suele utilizar para sintetizarlo: "No hay energía limpia ni proceso de descarbonización que no dependa del acero".
Ese reordenamiento, sin embargo, no altera lo que, en última instancia, sostiene la transición. "Si hay tecnologías que bajan su costo, como en muchos casos las renovables, la evaluación de una compañía será si esto me resulta una oportunidad de negocio y, a su vez, si tiene una ventaja desde el punto de vista de la sustentabilidad. Eso va a seguir en cartera", explica Bengochea. Y concluye: "Sabemos que los subsidios sobreviven un tiempo determinado; lo que impulsa la adopción de determinadas tecnologías es que su costo baje".
El punto de encuentro entre las tres miradas: la descarbonización sigue en marcha, pero las decisiones se volvieron más selectivas. Regulación, comercio, costo de la energía, madurez tecnológica y acceso a capital pesan hoy al mismo tiempo. El pragmatismo, en ese sentido, no aparece como una renuncia al objetivo, sino como la forma en que la industria intenta sostenerlo en un tablero más fragmentado.