Minerales críticos

Siciliani: "El driver del cobre es la electrificación"

Andrea Siciliani, Energy Transition Investment Principal de TechEnergy Ventures, profundiza en los motivos por los que el cobre se convirtió en un mineral crítico para la electrificación, en cómo se abre la brecha entre oferta y demanda y en qué tecnologías busca el fondo para desbloquear recursos.

#16-Octubre 2026

El cobre es uno de los metales más utilizados por la industria, después del acero y el aluminio, pero hasta hace poco no aparecía en la conversación. ¿Qué cambió y por qué hoy se lo llama un mineral crítico?

El cobre está básicamente en todo lo que es eléctrico y tiene un driver de crecimiento que no está ligado a un mercado en particular. Esto lo hace muy distinto del litio, donde una porción muy relevante del incremento se debe a los autos eléctricos. En el cobre el driver es la electrificación, y eso implica redes, edificios, autos eléctricos y más.

Es crítico porque todos prevén un crecimiento de la demanda: hoy estamos en 25 millones de toneladas y esperamos llegar a 35 o hasta 40 millones en los próximos 15 a 25 años. Pero se prevé una producción plana o incluso en descenso, lo que generará un desequilibrio importante entre la demanda y la oferta. Ya está reflejado en el precio: si miras cómo evolucionó en los últimos diez años, se multiplicó por dos.

En términos de volúmenes, no es comparable al acero: hoy se producen casi 2.000 millones de toneladas de acero y solo 25 millones de toneladas de cobre. Pero si hablamos del tamaño del mercado, los precios son muy distintos y los órdenes de magnitud empiezan a acercarse.

¿Por qué no se observa un crecimiento de la producción?

Hay varios temas. Desarrollar una nueva mina de cobre lleva, en promedio, 13 años, desde que se identifica un potencial depósito hasta el primer gramo producido.

Además, la calidad del mineral disminuye con el tiempo. Antes se extraían los recursos más superficiales, que tenían una ley muy alta, es decir, una alta concentración de cobre en la roca. Cuando esto arrancó en forma industrial, en 1800 aproximadamente, el grado estaba en el 20%. Hoy estamos en el 0,5%. Los mejores recursos ya se agotaron y hay que profundizar cada vez más para encontrar mineral de buena ley. Un 0,5% significa que hay que mover y procesar 200 toneladas de roca para producir una tonelada de cobre. Todo esto hizo que el costo de producción aumentara considerablemente en los últimos años.

Desde la mirada de un fondo que evalúa tecnología, ¿dónde se encuentran los cuellos de botella que abren espacio a la innovación?

Hay un tema geopolítico y técnico a la vez. El cobre no se encuentra en forma metálica: se encuentra en dos formas: óxidos y sulfuros. Los óxidos son más superficiales, más fáciles de procesar y pueden procesarse en el sitio, pero representan cerca del 20% de los depósitos, que disminuyen hasta el 10%. Los sulfuros son más profundos y, para ser procesados, requieren mucha más energía y procesos más complejos.

¿Qué pasó en los últimos años? La capacidad de refinación de sulfuros se concentró en China, que hoy representa alrededor del 50%. Esto hace que un país como Chile, primer productor mundial, exporte entre el 70% y el 80% de su cobre a China para que sea procesado y pierda el control de la cadena de valor sobre ese volumen. ¿Por qué no se instala más capacidad de procesamiento en Chile u otros países occidentales? Sobre todo por temas ambientales. Ahí se entrelazan cuestiones técnicas, tecnoeconómicas y geopolíticas: por eso es un mineral crítico.

A eso se suma que se trata de una inversión de muy largo plazo, lo que hace muy difícil tomar una decisión hoy, con tanto riesgo a lo largo del tiempo y con incertidumbre respecto del driver principal: el precio. Aunque pensamos que este valor, ya alto, seguirá subiendo, nadie sabe dónde vamos a aterrizar dentro de 15 años.

De todos modos, la demanda no es totalmente inelástica: el precio no puede subir sin límite, porque llega un momento en que se empiezan a buscar sustitutos. Hoy el cobre es el conductor eléctrico y térmico más utilizado, pero si el precio fuera demasiado elevado, empezaríamos a buscar alternativas tecnológicas que, aun con menor rendimiento, cuesten mucho menos.

Con ese panorama, ¿por qué un Corporate Venture Capital como TechEnergy Ventures decide invertir en cobre?

La tesis de inversión es bastante simple y se basa en dos patas. La primera: necesitamos más cobre para cerrar esa brecha. Cualquier tecnología que permita extraer o producir más cobre nos interesa. Ahí entran, por ejemplo, las tecnologías de extracción de precisión, que aplican know-how del sector oil & gas y operan con una precisión mucho mayor que la de un open pit tradicional. Eso permite atacar, por ejemplo, recursos más pequeños, que no justificarían una inversión masiva, o recursos que quedaron fuera de los volúmenes de extracción tradicionales. Son recursos que existen, pero hoy no son económicamente extraíbles.

La segunda pata es más técnica: entender cómo procesar los sulfuros, que constituyen la mayoría de los depósitos, no por el camino pirometalúrgico, que es el actual, sino por el hidrometalúrgico, que se usa típicamente para los óxidos.

¿Por qué ese cambio de ruta es tan relevante y qué se desbloquearía si funcionara a escala?

Por varias razones. Primero, te desprendes de la dependencia de China: no tienes que enviar un producto intermedio, es decir el concentrado; puedes procesarlo localmente. Después, hay un tema técnico concreto: en la mayoría de los casos, las minas empiezan con óxidos y luego transicionan a sulfuros, de modo que ya tienen una capacidad hidrometalúrgica instalada que utilizan muy poco respecto de su potencial. Si existiera una tecnología que desbloqueara los sulfuros por esa vía, se podría aprovechar la infraestructura existente.

Hoy no se puede porque, si tomas un sulfuro de cobre típico, como la calcopirita, que es la más común, y lo atacas con un ácido, se genera lo que se llama una capa de pasivación. Es como una capa impermeable: el ácido ya no puede atacar el cobre y no puedes extraerlo más. Puedes seguir sumando ácido y no pasa nada. En cambio, cuando tienes un óxido y lo atacas con ácido, el cobre se disuelve en forma de ion, y después, en una etapa de electrowinning, se utiliza electricidad para reducir ese ion a metal.

Lo que hacen las tecnologías de advanced leaching es evitar la formación de esa capa o romperla de alguna manera. Una de las vías es el bioleaching: utilizar microbios para procesar los sulfuros en un ambiente ácido mediante el camino hidrometalúrgico. Hay distintos enfoques: algunos analizan la comunidad microbiana presente en el depósito e incorporan el microbio más apto para ese objetivo, y otros aportan insumos que actúan como superfoods para fortalecerlo. Y no son solo microbios: también hay caminos con compuestos químicos, tanto orgánicos como inorgánicos.

Esto, además, alimenta la primera pata de la tesis. Porque el paso de óxidos a sulfuros en una mina no es abrupto: siempre hay un momento en que conviven ambas tipologías, y cuando procesas con ácido la parte de la roca que ya es sulfuro, no sale nada. Usar advanced leaching durante esa etapa de transición permite extraer más cobre de los recursos originales.

¿Qué rol desempeña la sinergia del Grupo Techint en este contexto?

En cobre, específicamente, creo que el Grupo Techint es uno de los mejor posicionados del mundo. Primero, por geografía: cerca del 40% del cobre mundial se extrae en América Latina. Chile es el primer productor, seguido de Perú y Bolivia. En Argentina no se produce cobre desde 2018, pero actualmente hay varios proyectos en marcha, en distintas etapas de desarrollo y con incentivos.

Y después está la presencia del Grupo a lo largo de la cadena de valor. Tenemos exposición al mundo de la minería y del cobre a través de Techint Ingeniería y Construcción, pero no solo: también está Tenova, con TAKRAF en la parte upstream, de extracción y mecánica; con unidades de negocio dedicadas a hornos para la pirometalurgia; y con Tenova Advanced Technologies en Israel, que trabaja en solvent extraction y electrowinning. Tecpetrol, una compañía energética, está ingresando en la industria minera mediante sus inversiones en el litio. Y si tomamos el caso de Ternium y Usiminas, ya tenemos recursos mineros.

¿Hacia dónde seguirá mirando TechEnergy Ventures en el ámbito de los minerales críticos?

En cobre vemos una gran oportunidad porque la dinámica es muy clara y ya se refleja en el precio. Si quieres tomar un solo indicador, la oportunidad de mercado existe. Y el nivel de disrupción tecnológica podría tener un impacto enorme. Por eso queremos sumar inversiones en cobre.

Tenemos un posicionamiento en el litio y estuvimos mirando otros minerales críticos, como las tierras raras, pero ahí vemos una oportunidad de mercado más integrada, más como desarrollador de activos que exclusivamente desde el punto de vista de la innovación tecnológica. De todos modos, hay recursos de tierras raras en Brasil que hoy no están explotados y que podría ser interesante explorar para entender si queremos jugar un rol también en ese ámbito.